sábado, 15 de septiembre de 2018

Internet y la ficción (D. Foster Wallace)



¿Cómo afecta internet al arte de la ficción?

La pregunta es muy relevante. A la mayor parte de la gente le interesa saber de qué manera internet puede afectar al negocio editorial. Personalmente creo que internet no supone más que una avalancha desmesurada de información y entretenimiento, una acumulación de sensaciones con muy poco criterio a la hora de ayudar al consumidor a elegir, encontrar o discernir entre las opciones que se ponen a su alcance en medio de una vorágine verdaderamente rabiosa de fervor capitalista. Esto es así no sólo por la manera en la que opera internet, sino por la manera en que se invierte en él. No hace falta que le recuerde la explosión «puntocom» que copó el mercado de valores y cosas así. En ese sentido, yo creo, como mero observador lego, que internet no es nada más que la destilación de la ética capitalista norteamericana en estado químicamente puro, un aluvión de posibilidades seductoras entre las que elegir. Internet es la entronización absoluta del laissez-faire, sin la presencia de herramientas verdaderamente efectivas que permitan elegir o buscar. Todo el mundo está infinitamente más interesado por los aspectos económicos y materiales de internet que por los éticos y estéticos, por las dimensiones morales y políticas inherentes. En una palabra, no se me ocurre mejor manera de resumir los puntos fuertes y débiles de los Estados Unidos de hoy. En cuanto a la ficción, supongo que habrá muchos escritores a quienes les interesa internet como herramienta para crear ficción, pero, que yo sepa, el único que lo ha hecho hasta ahora es Richard Powers en Galatea 2.2 y en un libro que acaba de salir, Plowing the Dark, que tiene que ver en parte con la realidad virtual… Powers, que es un experto en cibernética, es el único entre nosotros que ha dado con modos efectivos de usar la red como una herramienta real en la ficción. Los demás nos mantenemos al margen, un tanto asombrados de ver las expectativas despertadas por un fenómeno que en realidad no es más que una exageración de todo lo que hemos tenido hasta ahora. ¿Tiene algún sentido lo que estoy diciendo?

D. Foster Wallace (entrevista con Eduardo Lago)